«Livingstone, supongo»: así fue el legendario encuentro entre Stanley y Livingstone

En noviembre de 1871, el periodista Henry Morton Stanley localizó al misionero desaparecido David Livingstone en una localidad de Burundi, dando origen a una de las frases más famosas: «Livingstone, supongo», que no puede entenderse fuera de su contexto.

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El doctor David Livingstone es una leyenda entre los exploradores y aventureros, un claro ejemplo de la tenacidad propia de los ingleses y las agallas de los escoceses. Su desaparición en 1865 daría lugar a una de las frases más famosas de la historia: «el doctor Livingstone, supongo», que ha sido conmemorada con el Monumento a Livingstone y Stanley en Burundi.

La vida de Livingstone sería digna de un largometraje. Participó en tres de las más grandes expediciones hasta el corazón de África y recorrió un total de 46 mil kilómetros, distancia superior a la de la circunferencia terrestre. Si conseguir esta gesta frente a múltiples adversidades ya es sorprendente, más aún es hacerlo en pleno siglo XIX, en el auge de la Era Victoriana, cuando se desconocía por completo el interior del continente africano.

Y además de sus aventuras, la famosa frase «Livingstone, supongo» que ha trascendido y llegado a oídos de personas de todo el mundo para despertar el interés por los exploradores Livingstone y Stanley.

La historia detrás del «Livingstone, supongo»: una misteriosa desaparición y una búsqueda incansable

Sería difícil enumerar las mil y una aventuras de David Livingstone en el continente africano. En 1855 descubrió las cataratas más icónicas de la geografía africana, a las que bautizó como Cataratas Victoria. Un año después se convirtió en el primer occidental en atravesar este continente desde Luanda en el Océano Atlántico hasta Quelimane en el Océano Índico. Cruzó la totalidad del desierto Kalahari dos veces, demostrando que no continuaba en el Sahara, como se pensaba originalmente.

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En 1866 se embarcó en lo que debía ser su última y mayor expedición: la búsqueda de la fuente legendaria del río Nilo. Se presumía que esta expedición se prolongaría durante dos años. Pero habían pasado casi 6 años cuando en 1871 se empezó a poner en duda si el misionero inglés aún vivía.

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Esta misteriosa desaparición recibió un seguimiento inesperado no sólo en Europa sino también en América. Algunos intrépidos llegaron a desplazarse hasta África para tratar de encontrar y rastrear a Livingstone, o descubrir al menos si estaba muerto o vivo. Sin embargo, sería el diario New York Herald el responsable de escribir la primera línea de la historia de Livingstone y Stanley.

Este rotativo estadounidense encomendó a Henry Morton Stanley, periodista y explorador británico, la búsqueda de Livingstone. Stanley sabía que su compatriota había sido visto por última vez en las cercanías del lago Tanganica, pero llegar al área resultó ser una tarea monumental.

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Entre marzo y septiembre de 1871, la expedición del New York Herald sufrió repetidos reveses mientras recorría pantanos y junglas sin éxito. Los cocodrilos y las enjambres de moscas tsetsé mataron a sus animales de carga, y decenas de cargadores abandonaron la caravana o murieron a causa de enfermedades. El mismo Stanley fue devastado por la disentería, la viruela y una malaria casi mortal. Sin embargo, Livingstone y Stanley compartían una tenacidad y resiliencia fuera de lo común, de manera que el británico no desistió en su búsqueda.

Henry Stanley no fue el único que se embarcó en la búsqueda de Livingstone, sino que fueron muchos los europeos que siguieron su ejemplo, en prueba del reconocimiento y estima que su generación sentía hacia el misionero inglés.

Corría octubre de 1871 cuando lo encontró. Por aquel entonces, casi todos sus contemporáneos daban a Livingstone estaba muerto. Había interrumpido su envío de cartas hacía años, su esposa había fallecido, y la mayor parte de sus posesiones se habían extraviado o habían sido robadas. Sus perseguidores rastrearon sus pasos hasta la localidad de Ujiji, una aldea remota en lo que hoy es Tanzania, cerca del Lago Tanganyika, y fue allí donde se produjo el encuentro entre Livingstone y Stanley.

Fue Stanley quien pronunció la famosa frase «el doctor Livingstone, supongo», pues encontró al desaparecido en un estado lamentable y una salud muy deteriorada. Sin embargo, Livingstone no regresó con Stanley, sino que continuó buscando sin éxito el origen del Nilo hasta su muerte, dos años más tarde.

La historia de Livingstone y Stanley en África contrapone, además, dos mentalidades de la época victoriana en relación a temas como la esclavitud o la independencia de las naciones y pueblos nativos: Livingstone, quien siempre fue opuesto al imperialismo y la trata de esclavos, y Stanley, que permaneció indiferente ante la tragedia del África negra.

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